El error del PDF, y otros cuatro que arruinan la carta digital
El primero y el más común: apuntar el código a un PDF. Un PDF está pensado para una hoja A4, y en un teléfono obliga a hacer zoom y a arrastrar la pantalla para leer cada línea. El cliente aguanta dos platos y luego pide lo de siempre.
Lo que funciona es una página web sencilla, con el texto que se ajusta al ancho de la pantalla. No hace falta nada sofisticado: títulos de sección, nombre del plato, descripción corta y precio. Sin imágenes pesadas.
El segundo error es el peso. Una carta con veinte fotos de platos a máxima resolución tarda en cargar, y en un restaurante lleno, con todo el mundo usando la misma red, tarda mucho más. Si pones fotos, que estén comprimidas.
El tercero es depender del WiFi del local. Si la carta solo carga con tu red y tu red va mal, no tienes carta. La página debe estar en internet, no en un servidor dentro del restaurante, y el código debe apuntar a esa dirección pública.
Y si vas a ofrecer tu WiFi de todos modos, el código de red es un cartel aparte, no el mismo. Mezclar los dos en un solo código no es posible, y poner los dos juntos sin etiquetar cada uno confunde a todo el mundo.
El cuarto error es el enlace frágil. Una carta subida a un servicio de almacenamiento en la nube con un enlace larguísimo se rompe el día que reorganizas tus archivos. Y todos los códigos impresos con él, también. Usa una dirección de tu propio dominio.
Esto es importante entenderlo bien: el código estático que sale de aquí no caduca nunca, pero apunta exactamente a la dirección que le pongas. Si esa dirección cambia, el código deja de servir. La solución no es pagar por un QR dinámico, es que la dirección sea tuya y estable.
El quinto error es de colocación. El código en el mantel de papel desaparece con el mantel. En la carta física, obliga a tener carta física. En el centro de la mesa, queda tapado por los platos justo cuando alguien quiere volver a mirar los postres.
El sitio que funciona es un soporte vertical, pequeño, en la esquina de la mesa: se ve al sentarse, sigue accesible durante toda la comida y no estorba al servicio. Un portacódigos de sobremesa o una placa apoyada.
Ese es el caso donde la exportación 3D de este generador tiene más sentido. Una placa de sobremesa impresa en dos colores, con tu código en relieve, no se moja con el vaso, no se dobla, no se la lleva el viento en la terraza y dura años.
El relieve además resuelve algo que el papel no: un código impreso en relieve sobre una base de otro color mantiene el contraste incluso con luz baja y de lado, que es la luz típica de un restaurante de noche.
Sobre la etiqueta del código: «Nuestra carta» debajo, siempre. La gente ha aprendido a desconfiar de los QR sin explicación, y en una mesa el mismo cuadrado podría ser la carta, el WiFi, la cuenta o una encuesta.
Piensa también en quien no quiere usar el teléfono. Una carta solo en QR excluye a quien tiene la batería a cero, a quien no ve bien la pantalla pequeña y a quien simplemente no quiere. Tener dos o tres cartas físicas disponibles no cuesta nada y evita una mala reseña.
Si tienes varios locales con cartas distintas, o carta de día y de noche, necesitas un código por cada una. La herramienta de generación por lotes lo hace de una vez: una fila por carta, con su dirección y su nombre de archivo.
Y antes de mandar a imprimir cincuenta soportes: escanea el código, abre la carta en un teléfono de gama baja con datos móviles en lugar de WiFi, y mira cuánto tarda. Esa es la experiencia real de tu cliente, no la de tu teléfono nuevo conectado a tu red.