Cómo se imprime y qué imán le va
La pieza es una base rectangular con el código en relieve y, en el reverso, una cavidad circular para el imán. El generador calcula esa cavidad para los imanes de neodimio más comunes, con la holgura justa para que entre a presión sin partir la pared.
El imán se pega con una gota de adhesivo instantáneo al final de la impresión. Conviene ponerlo antes de que la pieza salga de la placa: es más fácil sujetarla plana.
Comprueba la polaridad antes de pegar. Un imán de neodimio pegado del revés no se nota hasta que la pieza no se queda en la puerta, y despegarlo sin romper la base es complicado.
El diámetro habitual es de diez a doce milímetros, y el grosor de dos o tres. Para una pieza de este tamaño, un solo imán en el centro basta. Dos imanes impiden que el imán gire, que es útil si la pieza no es cuadrada.
El relieve va en positivo: los módulos oscuros sobresalen y la base clara queda al fondo. Es el modo que lee mejor, porque la sombra del relieve refuerza el contraste entre los dos colores.
El cambio de filamento se hace a una altura concreta, y el generador te la dice: imprimes la base en el color claro, la impresora se detiene, cambias al oscuro y terminas los módulos. Con una impresora de un solo extrusor, esa pausa es todo lo que hace falta para una pieza de dos colores.
En el 3MF los dos colores ya vienen asignados como materiales distintos, así que si tu impresora tiene cambiador o varios extrusores, el laminador lo entiende sin que configures nada.
El punto crítico es el ancho de cada módulo. Si un módulo mide menos del doble del diámetro de la boquilla, la impresora no puede formarlo bien y el relieve queda irregular. El generador comprueba esto y te avisa antes de exportar.
Eso significa que un código con mucho contenido necesita una pieza más grande. Un QR de WhatsApp con un mensaje largo tiene muchos más módulos que uno con solo el número, y en el tamaño de un imán la diferencia decide si sale o no sale.
La altura del relieve también tiene mínimo: al menos tres capas. Con menos, la sombra es tan leve que la cámara no distingue los módulos y la pieza no escanea aunque los colores sean correctos.
El nivel alto de corrección de errores es la opción por defecto aquí, y por una razón: el relieve impreso nunca sale tan limpio como la tinta, y esa tolerancia extra es lo que hace que la pieza se lea a pesar de las imperfecciones.
Sobre los colores: negro sobre blanco es lo que más contraste da, y por tanto lo que más fácil se lee. Los combinados de color se ven mejor pero reducen el margen. Si eliges colores de marca, comprueba el contraste antes de imprimir: el generador lo mide.
El acabado de la superficie importa. Una placa lisa y brillante refleja la luz de la cocina y puede tapar parte del código. Si tu filamento es brillante, una capa superior con un patrón mate ayuda.
Y el paso que ahorra media hora de impresión: el botón de comprobar que escanea renderiza la pieza vista desde arriba, tal como la verá la cámara, y la decodifica. Si el resultado no devuelve tu contenido, el problema está en la geometría y todavía no has gastado filamento.
Si vas a imprimir muchos para repartir, imprime primero uno solo y pruébalo con dos teléfonos distintos y con luz de interior, que es peor que la del taller. Un lote de cincuenta imanes que no escanean es un lote de cincuenta piezas de plástico.